7 de junio de 2014

Matt Le Tissier: Tú mira que yo te la cuelo

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Podríamos decir que el recorrido Matthew Paul Le Tissier tiene tintes de película, pero de película independiente, de las que no buscan lo comercial sino el sentimiento. En la relación calidad/fama, hablamos sin duda de uno de los mayores ejemplos de injusticia que haya podido verse en el mundo del fútbol.

Si queréis haced la prueba: habla a tus amigos de Matt Le Tissier, pregunta si le conocen. Cuando (la mayoría) te diga que no, ponles un vídeo y si puedes despegar los ojos de la pantalla, mira las caras y reacciones de tus colegas: asombro, sonrisas, incredulidad… son las reacciones más habituales a la calidad extrema del que es, en mi opinión, uno de los jugadores con más talento natural que ha pasado por este deporte.

Le God’ fue como le apodaron los miles de aficionados que cada semana tuvieron la suerte de disfrutar de 90 minutos de fantasía en The Dell, estadio del Southampton, y no es para menos. Matt estuvo las 16 temporadas que duró su carrera jugando para el club mientras toda Inglaterra le lanzaba ofertas millonarias, equipos como Manchester United, Liverpool, Tottenham o Chelsea. Los ‘blues’ ofrecieron, se dice, cantidades mareantes de dinero a las que Matt respondió como mejor sabía: jugó su partido, marcó un golazo y no respondió a las llamadas; el jugador se debía a su club, a una afición entregada que le consideraba un dios, y no quería saber nada de cuentas con tantísimos ceros. Según palabras de Ronnie Ekelund, compañero suyo del Southampton, Matt le dijo: ‘[el Chelsea]  me ha hecho una oferta de tanto, tanto dinero, que la vida de los hijos de mis hijos estaría resuelta’. Y continuó diciendo que él ‘no valía todo ese dinero’. Así era Le Tissier, talento puro dentro y fuera del campo. La razón de su limitada fama se debe simplemente a que no la quiso, a que fue un futbolista que decidió disfrutar de la vida jugando al fútbol sin prisa, siendo él su propio dueño, sin imagen publicitaria y combinando las hamburguesas con el fútbol, regado todo ello con ingentes cantidades de cerveza. Como dijo en otra de sus atípicas frases para un futbolista: […] disfruté de lo único que se me daba bien, jugar al fútbol y beber cerveza’.

Como futbolista, hablamos de un centrocampista llegador con un talento que sobrepasa los límites de lo imaginable, teniendo en cuenta su físico desgarbado, larguirucho, con cierta barriga y unos movimientos generalmente antiestéticos. Y quizá al principio esa fuera su mejor arma, ya que nadie podía apostar que ese poco agraciado grandullón de movimientos lentos pudiera de pronto convertirse en un tornado. De pronto arrancaba, amagaba, la escondía, se daba la vuelta y cuando querías darte cuenta el balón trazaba una trayectoria de 30 metros a cámara lenta y entraba rozando el larguero y el palo a la vez. 

Le rodeaban 2, 3, 4 jugadores contrarios, y daba igual. Si Le God tenía el día, no había nada que hacer: sombreritos, autopases, una aceleración de vértigo con su enorme zancada y una carga con sus cerca de 90 kilos de peso y ya estabas viéndole encarar a tu portero que equivalía a gol seguro. Como dato, en su carrera lanzó 50 penaltis, de los que falló…1.
Mark Crossley, portero del Notingham Forest en la temporada 92/93, tiene el honor de ser el único portero que le paró un penalti a este mago del fútbol. Como contra, y debido quizá a su personalidad despreocupada y a no cuidar el físico como debiera, Matt también resultó ser un tanto irregular. Muy típico por otro lado de los jugadores de gran calidad. 
Para rematar, os dejo una de las frases que hizo que los ‘Saints’ tuvieran su ‘God’: Jugar en los mejores clubes es un bonito reto, pero hay un reto mucho más difícil. Jugar contra ellos y ganarles. Yo me dedico a eso”. Y como no podría ser de otra manera, un vídeo para que pongáis a los amigos y disfrutéis de lo que es el FÚTBOL con mayúsculas.


Gonzalo Carballo
Tricuartista sin límites.