30 de octubre de 2014

El Milán de Arrigo Sacchi

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El Milán de Sacchi fue una innovación en el mundo futbolístico, sobre todo para el catenaccio que mandaba sin ninguna filosofia que le debatiera el reinado.
Berlusconi, que buscaba levantar a los rossoneros de una profunda crisis (llego a descender a Serie B), se fijó en Sacchi cuando éste, que dirigía al Parma, les apeó de la copa en 1986.
Sacchi elevó al Milán a la cúspide del fútbol, ya no solo en cuanto a títulos sino también en el aspecto táctico.

El Milán de Sacchi con una de las dos Intercontinentales conseguidas.
Berlusconi hizo una gran inversión fichando a jugadores que estaban destacando en otros clubes: Donadoni, Ancelotti, Van Basten, Gullit y Rijkaard (Un año más tarde). A esto hay que añadir a los jugadores que ya estaban en el equipo como Baresi, Maldini, Costacurta, Galli y Colombo.

Ya en el primer año consiguieron ganar el Scudetto ante el gran Napolí de Maradona de una forma innovadora. Tres claves subrayo de ese clásico 4-4-2: La presión asfixiante, la defensa zonal y la ocupación de espacios.

Baressi era el jefe. Fue el encargado de tirar el fuera de juego, de ordenar, de sacar el balón desde atrás, en definitiva, la prolongación del técnico. Costacurta y Maldini aportaban carácter y eficiencia. Rijkaard y Ancelotti dotaban de inteligencia y físico al equipo y en ataque contaban con la calidad de Donadoni, Van Basten y Gullit.

Un equipo temible que logro la Copa de Europa, tras 20 años de sequía, sonrojando a la "Quinta del buitre" en las semifinales con una manita histórica. En la final también arrasaría al Steaua Bucarest de Hagi por 4-0. 
Al año siguiente repitió campeonato europeo volviendo a eliminar al Real Madrid, esta vez en Octavos, y ganando en la final al Benfica. A estas 2 Copas de Europa hay que añadir 2 supercopas europeas y 2 Intercontinentales, en total fueron 6 títulos en 2 años.


Sacchi: "Tuve la suerte de tener a los holandeses delante y a los italianos detrás."
Un equipo perfecto que vivía por y para el fútbol. Los entrenamientos en Milanello eran muy duros. Dobles sesiones con 4 horas dedicadas a la táctica y otras 4 al balón. Era tal la obsesión de Sacchi que se dice que una vez mientras todos comían se acercó a Van Basten para corregir un aspecto del juego. El delantero le contesto: "Mientras como, no".

Arrigo Sacchi se marchó en 1991 del Milán para entrenar a la Selección italiana que sería subcampeona en el Mundial del 94. Fabio Capello cogió el testigo y siguió logrando títulos con un fútbol más conservador pero con el equipo base de Sacchi, el arquitecto del mejor Milán de la historia.